Reseñas archivos - PUCP | RIDEI https://red.pucp.edu.pe/ridei/categoria/resenas/ Red Internacional de estudios Interculturales Tue, 03 Dec 2019 00:17:29 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.7.2 RESEÑA DE “INTERCULTURALIDAD Y NEOCOMUNICACIÓN” https://red.pucp.edu.pe/ridei/noticias/resena-de-interculturalidad-y-neocomunicacion/ https://red.pucp.edu.pe/ridei/noticias/resena-de-interculturalidad-y-neocomunicacion/#respond Tue, 03 Dec 2019 00:17:29 +0000 https://red.pucp.edu.pe/ridei/?p=25466   Ficha técnica Autora: Encarnación Soriano Ayala Editorial: Madrid: La Muralla Número de páginas: 264 pp. Año de publicación: 2003           Por Juan José Leiva Olivencia* Los continuos avances tecnológicos y el mayor protagonismo que han adquirido los flujos migratorios en la escuela y en la sociedad española han planteado nuevas exigencias, demandas y desafíos al ámbito pedagógico. Nos encontramos inmersos en una sociedad postmoderna y multicultural que aspira a la construcción de la interculturalidad en lo social y presencial, y a la digiculturalidad en lo cultural y virtual. Todo ello requiere que reflexionemos en mayor medida sobre el nuevo papel que, desde un paradigma inclusivo, compresivo e intercultural, han de asumir las instituciones educativas aprovechando las posibilidades y oportunidades que nos ofrecen las TIC para superar esa distancia entre la escuela y las realidades socioculturales. Dicho esto, al igual que el uso de las TIC en la enseñanza está teniendo […]

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Ficha técnica

Autora: Encarnación Soriano Ayala
Editorial: Madrid: La Muralla
Número de páginas: 264 pp.
Año de publicación: 2003

 

 

 

 

 

Por Juan José Leiva Olivencia*

Los continuos avances tecnológicos y el mayor protagonismo que han adquirido los flujos migratorios en la escuela y en la sociedad española han planteado nuevas exigencias, demandas y desafíos al ámbito pedagógico.
Nos encontramos inmersos en una sociedad postmoderna y multicultural que aspira a la construcción de la interculturalidad en lo social y presencial, y a la digiculturalidad en lo cultural y virtual. Todo ello requiere que reflexionemos en mayor medida sobre el nuevo papel que, desde un paradigma inclusivo, compresivo e intercultural, han de asumir las instituciones educativas aprovechando las posibilidades y oportunidades que nos ofrecen las TIC para superar esa distancia entre la escuela y las realidades socioculturales.

Dicho esto, al igual que el uso de las TIC en la enseñanza está teniendo un papel muy importante para lograr una reorientación metodológica, didáctica, curricular y organizativa en todos los niveles educativos con la mirada puesta en la optimización de los índices de calidad; también constituyen un instrumento valioso para aproximar culturas diferentes, reflexionar sobre la cultura de la diversidad, y promover una comunicación intercultural. Este es el punto de partida de un magnífico libro dirigido por la Dra. Encarnación Soriano Ayala, una de las máximas exponentes de la Educación Intercultural en España y en la Unión Europea en los últimos tiempos.

Esta obra viene a profundizar en conceptos tales como la interactividad, interconexión, instantaneidad, intercambio, conocimiento, enriquecimiento y ciudadanía intercultural, partiendo de una idea de enorme relevancia pedagógica y es la necesidad de estrategias metodológicas basadas en el aprendizaje cooperativo, la participación en red entre los centros de diversos lugares de nuestro mundo. Y para lograr este propósito las TIC constituyen una herramienta fundamental e imprescindible, no sólo por crear una comunidad donde los estudiantes pueden interactuar y compartir el conocimiento, sino por su potencial para transformar las prácticas educativas desde un enfoque de interculturalidad y, por tanto, de educación inclusiva.
Es más, no hay duda que Internet y las redes sociales ponen a disposición de las escuelas inclusivas e interculturales todo lo necesario para generar y construir comunidades virtuales de aprendizaje intercultural, a través de multitud de herramientas susceptibles de favorecer la comunicación, la construcción compartida de conocimiento y el intercambio de información acerca de experiencias en educación intercultural entre todos los miembros de las comunidades educativas.

Este trabajo está estructurado en dos grandes ámbitos denominados: “La palabra como herramienta de la convivencia democrática y la nueva forma de entender el proceso de enseñanza-aprendizaje en una sociedad global” y “Del desmantelamiento del prejuicio al aprendizaje multisensorial”. En ambas partes vienen excelentes trabajos firmados por especialistas de la talla de Mª Victoria Reyzábal, Miquel Rodrigo-Alsina, Pilar Medina, Enrique Martínez-Salanova, Josefina Lozano, Gilberto Arriaza, Isabel Aliaga, Martine Dreyfus, Antonio J. González y la propia Encarnación Soriano Ayala, entre otros autores. La variedad y riqueza temática sobre cómo desarrollar de manera práctica la interculturalidad desde un enfoque nuevo y revitalizador de la escuela supone toda una renovación en la literatura pedagógica intercultural de los últimos años. ¿Por qué afirmamos esto? Por las siguientes razones.
En primer lugar, los distintos autores del libro reconocen que los numerosos cambios que se han producido en un breve periodo de tiempo y, sobre todo, la velocidad con la que han tenido lugar dichas transformaciones, han sido el origen de una preocupación creciente en torno a la capacidad de la escuela para formar a la ciudadanía del siglo XXI desde un enfoque de aprovechamiento cultural, y las TIC pueden ser herramientas privilegiadas para su cultivo y trabajo educativo enriquecedor.

En segundo lugar, porque en las páginas de este libro se puede ver con claridad cómo el respeto y la valoración de una sociedad positivamente multicultural e interconectada, facilitan tanto el conocimiento de otras perspectivas y percepciones sobre la realidad como el análisis crítico de las propias. Ciertamente, sería una falacia negar que en los últimos años se han producido numerosos avances, pero no es menos cierto que en el seno de nuestras escuelas persisten problemáticas de las que ya hemos dado cuenta en otras ocasiones, caso de la necesidad de intensificar las relaciones entre familias, escuela y comunidad. Así, el enfoque nuevo planteado en este libro es la Neocomunicación, es decir, ¿cómo comunicarnos mejor en la escuela? ¿Cómo fomentar las relaciones interculturales desde un paradigma comunicativo que supere los reduccionismos e incorpore las nuevas formas de intercambio telemático y digital? Las respuestas en el libro son múltiples y francamente positivas, partiendo de la idea de que los educadores hemos de insistir en la búsqueda de nuevas fórmulas susceptibles de optimizar el nivel de implicación y compromiso de instancias y agentes educadores. Una idea sugerente que plantea precisamente la profesora Encarnación Soriano es la necesidad de una mayor rentabilización del espacio digital de comunicación para fortalecer una conectividad de corte intercultural mediante la configuración de nuevos espacios de colaboración y aprendizaje que favorezcan el desarrollo de estructuras de trabajo cooperativo en la red, en la Universidad, en el Instituto, en el Colegio, etc. Esto supondrá mejoras en el conocimiento, la comprensión y la convivencia intercultural en los más jóvenes, consumidores y también creadores de significados culturales cada vez más diversos, cambiantes y dinámicos a través de todo tipo de redes sociales, Apss y demás plataformas o instrumentos de comunicación digital.
En tercer lugar, se plantea la idea de la necesaria formación intercultural del profesorado, pero incorporando nuevas temáticas que afectan a la dimensión identitaria y comunicativa. Por ejemplo, el docente debe manejar eficazmente sus emociones y ser conocedor de estrategias metodológicas como el aprendizaje-servicio para educar en las competencias emocionales mediante el Mobile learning, o debe ser capaz de generar material didáctico intercultural virtual, compartido y en red. Repensar de manera inteligente los procesos de enseñanza-aprendizaje en una sociedad globalizada e interconectada requiere de una formación donde la comunicación intercultural sea eje básico del establecimiento de relaciones educativas eficientes. Así mismo, el desarrollo de las competencias interculturales en la sociedad del conocimiento implica que los docentes deben dinamizar propuestas que construyan comunidades de aprendizaje, luego la formación y la comunicación debe ir adquiriendo un matiz comunitario básico en la configuración de redes educativas dinámicas donde familias, profesorado y alumnado tengan mejores y mayores oportunidades de conocimiento y comprensión intercultural.

En cuarto lugar, se indaga en una idea clave de los nuevos sistemas educativos que van a ir emergiendo como consecuencia de las nuevas formas de aprendizaje en la era digital. Cierto es que una de las principales funciones de cualquier sistema educativo es posibilitar el desarrollo integral del alumnado. Esta tarea nunca ha sido fácil pero podemos afirmar que hoy día se ha convertido en un reto aún mayor debido a los profundos y acelerados cambios sociales que se vienen produciendo. Uno de los factores fundamentales de dichos cambios ha venido motivado por una creciente complejidad en la gestión de las nuevas formas de expresión, de la creatividad y el papel de los medios de comunicación en el intercambio educativo en escenarios de diversidad cultural y de globalización cultural. Esto significa que es fundamental interculturalizar el curriculum escolar empleando las TIC, las redes sociales y las nuevas plataformas de aprendizaje virtual. Un ejemplo de ello lo podrán leer en el magnífico trabajo de la profesora Josefina Lozano, quien reconoce la importancia de aunar familia y escuela empleando nuevas fórmulas didácticas de interacción y aprendizaje, así como un acceso interactivo y motivador para que los niños inmigrantes aprendan el español vinculando los espacios de la escuela y la familia en un todo complejo y holístico, donde la comunicación es la variable clave de un modelo intercultural de relaciones pedagógicas entre los distintos agentes de la comunidad escolar.
En definitiva, este libro viene a dar una respuesta sumamente positiva y fructífera sobre el fenómeno de las relaciones interculturales que se ha convertido en un tema de máximo interés para gran número de profesionales de la educación, tanto de enseñanza universitaria como no universitaria.

Esto nos lleva a la consideración de que la educación intercultural está adquiriendo nuevas herramientas comunicativas, emocionales y de resiliencia para favorecer la convivencia escolar, superar los prejuicios que existen hacia los grupos minoritarios, así como para conseguir una interacción cultural en el contexto educativo basada en el mutuo enriquecimiento donde la diversidad es un valor y una oportunidad de aprendizaje. Es por ello que cuando
hablamos de educación intercultural debemos reorientar las estrategias didácticas para favorecer de forma permanente la innovación educativa con la finalidad de producir cambios en los procesos educativos que se adapten tanto a las necesidades de todo el alumnado (inmigrante y autóctono), como a las exigencias sociales, éticas, tecnológicas y comunicativas del momento educativo presente.


*Juan José Leiva Olivencia es Profesor Titular de Didáctica y Organización Escolar en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga (Málaga, España), y Profesor Tutor del Centro Asociado María Zambrano, de la UNED, en Málaga. Doctor en Psicopedagogía por la Universidad de Málaga con Premio extraordinario. Director de International Journal of New Education. Coordinador del Seminario de Interculturalidad, Comunidad y Escuela, de Málaga (SICOE).

Fuente: 

Leiva Olivencia, J. J. (2014). [Reseña] Interculturalidad y Neocomunicación. Revista Iberoamericana De Educación, 64(1), 1-4. https://doi.org/https://doi.org/10.35362/rie641358

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Reseña de «Interculturalidad y derechos humanos» https://red.pucp.edu.pe/ridei/resenas/resena-de-interculturalidad-y-derechos-humanos/ https://red.pucp.edu.pe/ridei/resenas/resena-de-interculturalidad-y-derechos-humanos/#respond Wed, 24 Jul 2019 19:43:59 +0000 https://red.pucp.edu.pe/ridei/?p=25394       Ficha técnica Autor: Mauricio Beuchot Editorial: Siglo XXI editores en coedición con la Universidad Nacional Autónoma de México Número de páginas: 123 pp. Año de publicación: 2005           Por Inés Castro Apreza* La revista española El País Semanal de la segunda semana de marzo pasado (núm. 1642, 16/03/2008: 15) muestra una impresionante fotografía de Marianna Day Massey en la que un niño juega con un carrito en el borde de un lavabo. Del grifo sale un chorro de agua que refresca su cuerpo. Los colores denuncian un contexto de pobreza: el desgaste de las paredes en las que se empotra la bañera que este pequeño se ha inventado en un ambiente de calor extremo, las huellas de unas manos pintadas sobre dichas paredes, la suciedad generalizada, o incluso la misma cara infantil. La tranquilidad que refleja el moreno rostro de la fotografía no engaña a quienes estamos familiarizados con las imágenes […]

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Ficha técnica

Autor: Mauricio Beuchot
Editorial: Siglo XXI editores en coedición con la Universidad Nacional Autónoma de México
Número de páginas: 123 pp.
Año de publicación: 2005

 

 

 

 

 

Por Inés Castro Apreza*

La revista española El País Semanal de la segunda semana de marzo pasado (núm. 1642, 16/03/2008: 15) muestra una impresionante fotografía de Marianna Day Massey en la que un niño juega con un carrito en el borde de un lavabo. Del grifo sale un chorro de agua que refresca su cuerpo. Los colores denuncian un contexto de pobreza: el desgaste de las paredes en las que se empotra la bañera que este pequeño se ha inventado en un ambiente de calor extremo, las huellas de unas manos pintadas sobre dichas paredes, la suciedad generalizada, o incluso la misma cara infantil. La tranquilidad que refleja el moreno rostro de la fotografía no engaña a quienes estamos familiarizados con las imágenes de la miseria y la marginación. Más impresionante aún resulta constatar que se trata de un niño aborigen de uno de los países más desarrollados del planeta, situado en el tercer puesto de desarrollo
humano de la Organización de las Naciones Unidas: Australia. La triste realidad de marginación que viven 2.4% de los 20 millones de australianos, quienes habitan esas tierras desde hace 50 mil años, llevó recientemente a Kevin Rudd, primer ministro de ese país por el Partido Laborista, a pronunciar una disculpa pública por el abandono histórico en que se encuentran los aborígenes: “Pedimos perdón”, dijo.

Innumerables situaciones parecidas, y aún más drásticas, se pueden encontrar en distintos puntos del orbe. Si los conflictos existen desde los orígenes de la especie humana, aquellos que conciernen a las diferencias étnicas han sido reconocidos —o, por lo menos, hemos cobrado más clara conciencia de los mismos— sólo en el último tramo del siglo XX. Discutidos en el ámbito de la filosofía política y ciencias afines, a la luz de recrudecidas y muchas veces violentas disputas entre grupos, los conflictos de aquella índole tocan las más sensibles fibras de la humanidad toda: el ansia de justicia e igualdad y los valores de la libertad y los derechos humanos.

Minorías y mayorías, en efecto, se han enfrentado cada vez más por serios problemas y grandes temas: la identidad nacional y la autodeterminación nacional o regional; la demarcación de las fronteras del Estado, que lleva a establecer quiénes están dentro y fuera de las mismas; los derechos lingüísticos, la representación política, el currículum educativo, las reivindicaciones territoriales, la política de inmigración y naturalización, los símbolos nacionales, la religión oficial… Sin dejar de mencionar, desde luego, la redistribución de los recursos entre los más desfavorecidos que, en muchos casos, son las minorías nacionales y los grupos étnicos minoritarios.

El multiculturalismo es un hecho irrebatible y extendido, ciertamente; significa la coexistencia de varias comunidades culturales, es decir, naciones, pueblos
o etnias dentro de una comunidad política mayor: el estado multicultural. Para tener una idea de su dimensión mundial diremos que, aproximadamente, los 184 Estados independientes del mundo contienen más de 600 grupos de lenguas vivas y 5000 grupos étnicos. Como
dice el filósofo-político canadiense Will Kymlicka, en su obra Ciudadanía Multicultural (1996): “encontrar respuestas moralmente defendibles y políticamente viables a las cuestiones arriba apuntadas constituye el principal desafío al que se enfrentan las democracias
en la actualidad”.

Por ello hablar del multiculturalismo per se no lleva muy lejos si no se plantea, simultáneamente, la interculturalidad como desideratum, esto es, el programa político al lado del factum, del hecho. El más reciente libro de Mauricio Beuchot, Interculturalidad y derechos humanos, se inserta precisamente en la discusión académica —siempre con claras consecuencias políticas— acerca del multiculturalismo en las sociedades modernas, tema enlazado, como el título lo indica en este caso, con el de los derechos humanos. ¿Qué se puede hacer cuando hay conflictos en la comprensión y valoración de los derechos humanos en una sociedad multicultural? Tal es la pregunta orientadora, la perspectiva, de esta obra que se decanta por la interculturalidad, una reflexión filosófica que pretendo recuperar a la luz de casos concretos, complementándola en todo caso con una parte de la propuesta elaborada por Kymlicka desde la filosofía política.

Beuchot nos aporta el marco filosófico general para abordar la cuestión de la multiculturalidad/interculturalidad, mientras que Kymlicka ayuda a ubicar niveles y dimensiones políticos que es necesario tomar en cuenta en el momento de reconocer algunos de los derechos (si no todos) más importantes.

Dentro de la abundante literatura existente respecto al multiculturalismo, la novedad de la perspectiva de Beuchot estriba en su propuesta explícita, central, sobre la hermenéutica como instrumento interpretativo para afrontar las problemáticas que plantea el multiculturalismo. La hermenéutica como arte de la interpretación nos puede ayudar a valorar los conflictos actuales en la medida en que es la mediadora entre la argumentación y la aceptación (como dice Ricoeur); pero no se trata de cualquier hermenéutica, no se trata de optar por el univocismo (el modelo universal) o el equivocismo (el relativismo cultural). En cambio: una hermenéutica analógica —dice Beuchot— nos permitirá rescatar la diferencia sin perder, al mismo tiempo, la semejanza
o confluencia que permita y posibilite la universalización; “nos ayudará a salvaguardar lo más posible las diferencias culturales, las ideas del bien, o de la calidad de vida y de los proyectos sociales, pero sin perder la capacidad de integrarlos en la unidad o universalidad.

Esta hermenéutica busca una universalidad matizada, diferenciada y compleja, pero universalidad al fin, lo cual evita que los derechos humanos pierdan su vocación de universalidad, su estatuto de derechos fundamentales”.

Para ello la hermenéutica analógica puede usar los dos aspectos de la analogía: la analogía de atribución y la analogía de proporcionalidad. Esta última da apertura, permisividad y extensión; por su parte, la analogía de atribución pone una cuestión en primera instancia, en primer lugar, coloca un principio obtenido por su aproximación a la verdad.

Este presupuesto de Beuchot, la diversidad cultural al lado de la universalidad de los derechos humanos, no es nuevo sino más bien es el núcleo compartido de diversas preocupaciones teóricas y políticas en el mundo moderno, así como de las reflexiones filosóficas que las acompañan. Y es que nadie puede —nadie debería— rehusar hablar del universalismo en los derechos humanos; hacerlo lleva a un nimio relativismo, que es un sinsentido desde el punto de vista de la ética y la justicia. No obstante, la interpretación multicultural de los derechos humanos es una cuestión compleja. Ciertamente una cultura puede no conocer o no comprender —y aún rechazar— los derechos humanos universales.

Beuchot sostiene que estos últimos pueden ser diferentemente entendidos o valorados en contextos culturales diversos. Precisamente es en este momento que surge la crisis, la cual, según nos muestra la experiencia reciente, puede llegar a ser de grandes proporciones. Y es entonces cuando necesitamos tener una hermenéutica de las culturas que “nos permita tanto aprender de ellas como criticarlas, esto es, tanto juzgar favorablemente ciertos aspectos suyos como juzgar desfavorablemente otros”. No hay por qué aceptar o rechazar en bloque una cultura determinada. Con ello y mediante ello se trata de reconocer dos principios: el de la igualdad de derechos para todos y el de la mayor permisividad respecto a las diferencias culturales.

De la reflexión filosófica Beuchot pasa a la necesaria propuesta política: entre el multiculturalismo y el asimilacionismo propone el pluralismo cultural. Y entre el liberalismo individualista y el igualitarismo comunitarista sugiere un analogismo político-jurídico, que permita las diferencias sin lesionar la igualdad. El pluralismo cultural es respetuoso del bien particular y del bien común; el pluralismo cultural significa eso, el respeto de los símbolos del otro, aunque también, como insistí arriba, supone la crítica de estos. En otras palabras, “no se pueden permitir las diferencias culturales que vayan en contra de la igualdad, del bien común y de los derechos humanos; sin embargo, sí deben permitirse (y hasta favorecerse) las diferencias que enriquezcan convenientemente el acervo cultural del todo social.

Hay una tensión dialéctica entre el univocismo de la igualdad y el equivocismo de la diferencia, que sólo puede ser reducida y manejada mediante una postura analogista, proporcional, por eso se habla —dice Beuchot— de un pluralismo cultural analógico”. En suma, la noción de racionalidad, que tiene un papel fundamental en este pluralismo cultural analógico, no puede ser tan universal que no permita diversidad, ni tan relativa a contextos que permita injusticias.

Naturalmente que para todo este proceso hermenéutico es menester un conjunto de elementos o principios morales que se compartan, algunos de los cuales están sujetos al diálogo y otros no, tales como el respeto a la vida, la veracidad y el razonamiento. Beuchot habla de hurgar en la naturaleza humana buscando lo que es esencialmente indispensable para la vida de la persona (del “hombre”, escribe el autor). Señala la importancia de estudiar y entender las distintas culturas, así como también de ponerlas a dialogar sobre la base de aquél mínimo compartido, que no puede ni debe ser puesto
en duda por nadie.

Al adentrarse en América Latina, la reflexión filosófica de Beuchot, claramente interesado en hacer ésta desde nuestro asidero territorial, empieza a cobrar una familiaridad inconfundible. Y ello porque ciertamente no es preciso remitirnos a contextos geográficamente remotos de nuestro planeta Tierra para entender a qué se refiere el autor cuando habla de multiculturalismo y del conflicto entre comprensiones y prácticas distintas respecto de los derechos humanos. En este capítulo, el filósofo mexicano mira hacia el pasado —dice— para recuperar toda una tradición de reflexión y defensa de los derechos humanos que nos ilumine el presente. Dicha tradición se remonta a la defensa de indígenas y negros que hiciera Bartolomé de Las Casas, a las convicciones antiesclavistas de Tomás de Mercado, Julián Garcés y Juan Ramírez, a la defensa de los derechos a la educación y al trabajo para todos los indios de Vasco de Quiroga, a las formulaciones iniciales del derecho agrario indígena de Alonso de la Vera Cruz, y a las reflexiones sobre la justicia distributiva de Juan Zapata y Sandoval, entre muchos otros ejemplos.

Al mismo tiempo, Beuchot imagina el futuro para hablar de cómo debe ser la defensa de los derechos humanos. Así reconoce que la violación sistemática e impune de éstos es lo que ha configurado nuestra realidad. Por eso, afirma el autor, la filosofía que se haga sobre ellos debe ser una filosofía de resistencia, “capaz de aducir argumentos para detener esa práctica y actitud violatoria, conculcadora”. Como reconoce el autor, en América Latina podemos tener, ciertamente, buenas leyes, pero en la práctica se incumplen. Sólo hay que observar la situación de los pueblos indios, realidad de la que extrae su compromiso por trabajar teórica y prácticamente en defensa de los derechos de éstos, y tema éste que me permitiré retomar líneas abajo a la luz de las propuestas aquí comentadas.

Al pensar su propuesta política aplicada a América Latina, Beuchot encuentra también algunos antecedentes de pluralismo cultural en la historia de nuestros países, como la idea de Vasco de Quiroga de un mestizaje cultural y político, con autoridades indígenas, aunque subordinadas a las españolas; o en Bernardino de Sahagún, quien refería la necesidad de compartir autoridad y poder. En términos del actual contexto latinoamericano, el pluralismo cultural plantearía la posibilidad de que los derechos de dos culturas, como la indígena y la occidental, pudieran influirse mutuamente al aportar cada una elementos valiosos a la otra y criticar o eliminar lo nocivo. Tal planteamiento iría claramente más allá de lo que propusieron Quiroga o Sahagún, ya que una cultura no puede, no debe, sobreponerse a otra. El diálogo debería llevar a reconocimientos claros y acuerdos sobre lo mejor y lo peor, lo bueno y lo nocivo para la vida y la convivencia pacífica que una y otra aportan.

Siempre estaría presente, en todo caso, “el carácter de universal y de paradigma que tienen los derechos humanos, los cuales sirven de norma y límite para los otros derechos, tanto occidentales como indígenas”. Paso ahora a confrontar o comparar la fundamentación filosófica de los derechos humanos con otras visiones igualmente preocupadas por los problemas arriba mencionados, que se vinculan con la multiculturalidad. Constituye éste un intento por aproximar las perspectivas teóricas a situaciones concretas, algo a lo que también Beuchot se refiere al establecer que “al reflexionar sobre los derechos humanos, no podemos desconocer las estructuras sociales, económicas y políticas en las que se realizan”. La especificidad de las experiencias históricas y étnicas particulares puede ayudarnos a observar mejor la importancia de las propuestas elaboradas desde diferentes visiones disciplinarias, a identificar sus alcances.
Al respecto, cabe recordar cómo en la perspectiva político-liberal de Will Kylimcka, en la misma obra ya citada, nos muestra que si bien hay diversas respuestas a la problemática que a la humanidad entera plantea el multiculturalismo (tantas como enfoques teóricos y disciplinarios existen), éstas pueden confluir en una serie básica de cuestiones, tales como el interés simultáneo por la universalidad y la diferencia, la preservación de derechos para todos y todas, la defensa de la diversidad cultural. En su obra Ciudadanía cultural, el filósofo-político canadiense se plantea clarificar los fundamentos básicos de un enfoque liberal del problema de los derechos de las minorías, complementando, así, los principios tradicionales de los derechos humanos con una teoría de los derechos de las minorías. El autor parte de que los derechos humanos como los conocemos tienen, en realidad, límites, reconociendo con todo su naturaleza paradigmática y su carácter modélico.

Kymlicka afirma que los derechos de las minorías no pueden subsumirse bajo la categoría de derechos humanos, ya que existen cuestiones que éstos no pueden resolver. Así, por ejemplo, entre muchos otros problemas no resolubles vendrían a figurar los siguientes: ¿Qué lenguas deberían aceptarse en los parlamentos, burocracias y tribunales? ¿Se deberían trazar fronteras internas tendentes a lograr que las minorías culturales formen una mayoría dentro de una región local? ¿Debería devolver poderes gubernamentales el nivel central a niveles locales o regionales controlados por minorías concretas? ¿Deberían distribuirse los organismos políticos de acuerdo con un principio de proporcionalidad nacional o étnica? Para decirlo domésticamente: ¿los pueblos indios deberían poder ejercer su autonomía y autogobierno en los Estados nacionales latinoamericanos? ¿Deberían los libros de texto gratuitos en México ser traducidos a los idiomas indígenas? ¿Deberían ser modificados los contenidos, cuando se difundan en español o lo hagan en el idioma respectivo entre la población indígena? Estas y otras problemáticas revelan que, por ejemplo, desde el derecho a la libertad de expresión no puede derivarse cuál debiera ser la política lingüística adecuada a cada contexto multicultural; tampoco permite concluir cuál debe ser el trazado de las fronteras políticas de un Estado o cómo debieran distribuirse competencias y poderes entre los distintos niveles de gobierno, etcétera. Se trata, en definitiva, como muestran los ejemplos citados, de poner de manifiesto la vulnerabilidad ante cierto orden de injusticias que enfrentan las minorías culturales, situaciones no
resolubles desde la estricta aplicación de los derechos humanos.

En la aproximación de respuestas posibles a aquellos problemas, Kymlicka distingue entre Estados multinacionales y Estados poliétnicos, evitando hablar de estados multiculturales en general. La diferencia entre unos y otros resulta significativa, ya que las minorías de los primeros alude a la incorporación de culturas que anteriormente poseían autogobierno y estaban concentradas territorialmente en un Estado mayor; mientras que los segundos se refieren a la inmigración individual y familiar que se produce hacia un Estado determinado conformando un mosaico constituido por distintos grupos de diverso origen étnico. En ambos casos estamos en presencia de situaciones de multiculturalismo y diversidad cultural, no obstante una y otra demandan respuestas distintas ante las demandas diversas que son planteadas por, en un caso, las minorías culturales y, en el otro, los grupos étnicos. De esta categorización
diferenciada deriva la distinción entre derechos de autogobierno para las minorías nacionales; derechos especiales de representación, tales como escaños, cuotas o porcentajes tanto para minorías como para grupos étnicos en las instituciones del Estado nacional; y derechos políticos como apoyos financieros y protección legal para determinadas prácticas de unas y otros. Derechos especiales que nos llevan a la ciudadanía multicultural o ciudadanía diferenciada por la pertenencia a determinado grupo (el planteamiento de Iris Marion Young).

Con el fin de discutir particularmente el gran tema de los derechos colectivos versus derechos individuales, tan a la orden del día en los últimos años, Kymlicka distingue entre las llamadas “protecciones externas” y las “restricciones internas” para concluir que los liberales pueden estar de acuerdo con “algunas” de las primeras, pero no así aceptar las segundas (el liberal debe aquí ser “escéptico”, dice). Y es que las protecciones externas se refieren a aquellos derechos que deben y pueden tener las minorías frente a los Estados nacionales, mientras que las restricciones internas son las medidas a las que recurren estas mismas minorías frente a su propia población para evitar el desorden, el desacato a las costumbres y tradiciones, las rupturas con el deber ser que marca la cultura local. Cuestiones todas ellas que no nos resultan en absoluto ajenas en Latinoamérica.

Vale la pena insistir en el hecho de que al colocar una visión frente a otra me interesa acercarme a la especificidad de cada experiencia multicultural y de lo que ésta políticamente implica. Las estrategias políticas: mediación y diálogo… ¿sin coerción?

Está claro que en la perspectiva de Beuchot, y de alguna manera en la de Kymlicka, la persuasión por medio de sólidos argumentos que aúnen universalidad con particularismo se realiza a través de un diálogo asentado en aquellos elementos comunes que todos los seres humanos comparten. Alcanzar esos “compromisos responsables” frente a los conflictos —que no consensos definitivos ni plenamente satisfactorios— tiene necesariamente que pasar por el cara a cara de los actores involucrados. Como dice Beuchot: “la diafilosofía nos ayudará a juzgar los valores de los otros a partir del juicio que tengamos de los nuestros (y también escuchando el juicio que les merecen a los otros)”. Yo imagino que en cualquier caso en este diálogo, como en cualquier otro, siempre se requerirán además una serie mínima de condiciones que lo hagan posible.

¿Cómo se llevaría a cabo ese diálogo en la arena política concreta? Para que sea posible tiene que haber ante todo un arbitraje… Pero ¿quién lo asumiría? ¿Sería “el filósofo” (Beuchot, 2005: p 28)? ¿Sería “la conciencia” esa instancia de apelación (Ibid, p. 53)? Una segunda cuestión vinculada a ello puede plantearse así: ¿Cómo se garantizaría el reconocimiento a dicho árbitro por parte de los contendientes en un caso determinado? Sin pretender plantear dilemas ad infinitum que nos lleven siempre a callejones sin salida, podemos adelantar que todas las experiencias de mediación hasta ahora existentes seguramente arrojarán luz frente a estas y otras cuestiones, a fin de que el diálogo sea posible, viable, fructífero, justo.

Un mundo nuevo, una sociedad diferente, en la que se convive y se aprende de la diversidad cultural y en la que se respeta las diferencias culturales al primar los derechos universales, pero al salvaguardar también los derechos de las minorías y grupos étnicos; requiere programas políticos urgentes, concretos y elaborados desde los agentes involucrados bajo parámetros universales mínimos y máximos (según los casos que se afronten). No creo, como de alguna manera sugieren David Miller, en su obra Sobre la nacionalidad, y el mismo Kymlicka, que haya conflictos irresolubles, ni siquiera
aquellos que nos parecen más extremos, como israelíes y palestinos, o hutus y tutsis, etcétera. Su resolución sí supone, como dice Beuchot, un proceso educativo largo.

Me temo, sin embargo, que en muchos de esos casos y situaciones específicas el necesario diálogo entre los agentes involucrados sólo se avizora posible si existe alguna dosis de coerción. No se trata, sin embargo, de recurrir a la violencia; menos aún a la institucional ejercida desde los Estados nacionales en cuyo nombre se perpetran violaciones a los derechos humanos y de las minorías en particular. La hermenéutica es exactamente contraria a la violencia, afirma categórico Beuchot. Sin embargo, algún tipo de coerción sería necesario imponer sobre los poderes políticos más grandes (los imperios), tanto como sobre los poderes políticos más pequeños del orbe (los comunitarios, los tribales). Ambos extremos siempre luchan por preservar intereses particulares en nombre de una universalidad que una y otra vez se evidencia falsa, engañosa e hipócrita. No veo de qué otra manera los Estados nacionales y sus instituciones se sentarían a dialogar con minorías culturales en países determinados. No veo cómo en particular el Estado mexicano se sentaría a revisar nuevamente los Acuerdos de San Andrés sin un árbitro internacional y un mínimo de coerción.

El quid de esta cuestión es que seguiría haciendo falta ese árbitro con estatura moral, preferentemente reconocido y aceptado por los contendientes en disputa; árbitro que no puede ser en ningún caso el Estado nacional y sus instituciones. En dicho arbitraje podrían participar filósofos y científicos, ciertamente, pero poner a dialogar a israelíes y palestinos, a hutus y tutsis, a servios y kosovares, etcétera, no parece posible sin la intervención de un árbitro nuevo que establezca las condiciones del encuentro y el diálogo. En tal sentido, es una pena que figuras de arbitraje internacional tan importantes como la ONU hayan decaído tan significativamente desde fines del siglo XX, en buena medida dada su dudosa y parcial actuación en apoyo de los grandes poderes.

Los casos concretos

El análisis de casos concretos y situaciones específicas nos puede ayudar a seguir aterrizando mejor las reflexiones y propuestas que de ellos pueden derivarse. Con una experiencia etnográfica de varios años, habitando en un contexto multicultural como el que representa el estado de Chiapas, donde también han primado olvidos e injusticias hacia los más pobres, los indígenas; reconozco, sin duda, la validez tanto como la utilidad de la perspectiva filosófica, así como también de la político-liberal citadas.

Ello aún cuando entre los mismos indígenas igualmente existen numerosas diferencias que nos impiden hablar de ellos como pueblos (y que, me temo, les impide a ellos mismos reconocerse como tales, al menos en el sentido del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo). De aquí que mi recomendación primaria para casi cualquier perspectiva teórica es el necesario ir y venir de las reflexiones teóricas a los conflictos y situaciones concretos y viceversa.

Así quisiera desarrollar el caso que he propuesto. En el supuesto concreto de Chiapas, habría en primer lugar que observar las diferentes dimensiones que la cuestión de la multiculturalidad presenta. Así, un inexcusable punto de partida lo constituye el hecho que la República Mexicana es un estado multicultural en sí mismo, donde Chiapas a su vez, representa una de las entidades del mismo con mayor población indígena (una tercera parte de sus habitantes aproximadamente).

Más allá de la autoidentificación de ésta como “pueblo”, una asunción que desde mi punto de vista resulta cuestionable excepto quizás entre determinados grupos políticos (como por ejemplo los municipios autónomos zapatistas), lo cierto es que resulta también necesario subrayar cómo esta población indígena alberga en su seno importantes diferencias de todo tipo: religiosas, culturales, políticas, económicas… diferencias todas que se hace preciso atender al momento de referirnos a la denominada “cuestión indígena” y los derechos indígenas. Es por esto que, de la misma manera que los derechos humanos son el paradigma y que existe una serie de principios mínimos cuya presencia es necesaria en cualquier mesa de diálogo entre el Estado nacional y las minorías culturales en él presentes, también resulta no menos importante tomar en consideración la necesidad de la presencia de estos principios mínimos entre los grupos que conforman aquellas minorías.

Pensemos en situaciones conflictivas específicas que han ocurrido en Chiapas. La masacre de Acteal, sobre la que, a los diez años de haberse producido, se reavivó la polémica acerca de sus causas y orígenes, representa en mi opinión la conjunción de diversas violencias, primeramente la institucional del Estado nacional. Con todo lo complejo que resulta este caso, claramente nos lleva de modo inmediato a la cuestión de las minorías indígenas frente al Estado mexicano y la importancia de los derechos indígenas como el autogobierno y el control del propio territorio. Otros casos específicos, en cambio, nos
ilustran lo segundo que quiero mostrar y para cuya mejor comprensión nos ayuda la perspectiva de Kymlicka.
Las expulsiones indígenas de San Juan Chamula realizadas desde 1974 por motivos políticos y religiosos,
los conflictos entre distintos grupos expresados en el marco de una misma comunidad o un territorio compartido (dentro de un mismo grupo étnico, por cierto, pero con distinta filiación política), representan un conjunto de casos que deben ser observados atendiendo a la diferencia establecida por Kymlicka entre “protecciones externas” y “restricciones internas”. Traducidos estas últimas al ámbito local, diríamos que en las situaciones conflictivas antes citadas no se respetan las opciones religiosas ni políticas que divergen de las mayoritarias en un mismo territorio.

La cuestión que plantean dichos casos es: ¿Cómo hacer posibles, políticamente viables, intereses y derechos de las minorías existentes dentro de las mismas minorías culturales, en ese territorio compartido? Son casos que representan una de las mejores oportunidades para dar o, mejor dicho, aproximar respuestas tentativas a los grandes problemas contemporáneos, si se quiere sujetas a revisión de cara a nuevas evidencias y problemas. Si bien hay ya respuestas domésticas a aquella pregunta, en general éstas podrían estar caracterizadas por la polarización (en la academia, tanto como en las organizaciones políticas y en los mismos centros de derechos humanos). Al respecto es sintomático cómo con gran facilidad los análisis políticos en Chiapas han sido calificados desde 1974, sin mayor argumento, como “zapatistas” o “antizapatistas”. De aquí que la propuesta de una hermenéutica analógica y aún la perspectiva liberal de los derechos de las minorías podrían no dejar satisfechos a muchos de quienes priman su posición e intereses políticos en cada paso que dan en el proceso de conocimiento, algo legítimo, por lo demás, en la arena política (y no difiero aquí en la defensa que Beuchot hace de la falacia naturalista).

Y, sin embargo, muchos estamos interesados en destrabar los problemas, tanto entre las minorías nacionales con el Estado nacional respectivo, como entre los grupos que conforman estas minorías nacionales. Lo urgente en nuestro tiempo es encontrar alguna forma de mediación para ambos niveles, así como el punto entre la universalidad y la particularidad, entre el predominio de los derechos humanos que tocan el fondo de la naturaleza humana y las culturas diferenciadas que —subrayo— enriquecen a la humanidad toda siempre que respeten los derechos de las minorías y los derechos de las mujeres.
Mientras figuramos para ello el arbitraje moral y político, preferentemente aceptado por los contendientes, lo que queda claro, en cualquier caso, es que no
basta con pedir “perdón” para respetar las diferencias culturales y superar las injusticias históricas cometidas contra los más débiles.

En todo caso, nuevamente, el “respeto” frente a la diversidad cultural tendría que ser redimensionado a la luz de la justicia en dos tiempos y bajo dos dimensiones. Es decir, no debe suponer tan sólo la aceptación de la validez tanto como la riqueza (frecuentemente pasada por alto) de las diferencias culturales, traducidas al lenguaje de los derechos de las minorías, sino también y fundamentalmente debe incluir el diseño y la aplicación de medidas políticas concretas que hagan viable el desarrollo humano de los pobres, los oprimidos y marginados del planeta (incluyendo a las mujeres). Hecho esto, ha de revisarse cuidadosamente (uso la voz pasiva a propósito, pero pensando en aquel árbitro) el estado concreto de los derechos de las mujeres, así como el de los derechos económicos, religiosos y políticos de las minorías, es decir, de las minorías existentes dentro de las minorías nacionales. Sólo así el principio de la vida, la justicia, la igualdad, la libertad y otros tantos derechos cobrarían realmente sentido como elementos consustantivos a la naturaleza humana, una perspectiva de la Ilustración que ha sido sobradamente criticada.

El libro de Mauricio Beuchot, sin embargo, nos permite retomar dicho pensamiento desde una nueva luz y constituye por ello un buen comienzo para repensar nuestras certezas y, en particular, aquellos juicios que formulamos con un carácter demasiado fijo e inamovible, esos… nuestros pre-juicios.


*Inés Castro Apreza es investigadora y docente en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, México.

Fuente: 

Castro Apreza, Inés, Reseña de «Interculturalidad y derechos humanos» de Mauricio Beuchot. LiminaR. Estudios Sociales y Humanísticos [en linea] 2008, VI (Julio-Diciembre) : [Fecha de consulta: 24 de julio de 2019] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=74511194014> ISSN 1665-8027

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Reseña de «Interculturalidad, conocimiento y poder. Alcances de un proceso de investigación-acción en dos escuelas de la Amazonía peruana» de Lucy Trapnell, Albina Calderón y River Flores https://red.pucp.edu.pe/ridei/resenas/resena-de-interculturalidad-conocimiento-y-poder-alcances-de-un-proceso-de-investigacion-accion-en-dos-escuelas-de-la-amazonia-peruana-de-lucy-trapnell-albina-calderon-y-river-flores/ https://red.pucp.edu.pe/ridei/resenas/resena-de-interculturalidad-conocimiento-y-poder-alcances-de-un-proceso-de-investigacion-accion-en-dos-escuelas-de-la-amazonia-peruana-de-lucy-trapnell-albina-calderon-y-river-flores/#respond Tue, 11 Jun 2019 23:59:07 +0000 https://red.pucp.edu.pe/ridei/?p=25383   Ficha técnica Autores(as): Lucy Trapnell, Albina Calderón y River Flores Editorial: Instituto del Bien Común, Ford Fundation, Oxfam América Número de páginas: 188 pp. Año de publicación: 2008         Por Luis Manzo Guaquil* Aquel que lee las líneas de este texto traspasa los grafemas impresos, parte de una reacción química, y va más allá de ellos por medio de la subjetividad construida y estructurada. Pone en tensión una realidad institucionalizada que de tanto ser cotidiana invisibiliza lo que está detrás de ella, su entramado complejo. El aula o sala de clases, parte consustancial de la escuela, concentra distintas posiciones y dimensiones que han sido sometidas a críticas y a constantes transformaciones durante decenios y algunas centurias. Comenius, ya en el siglo XV, critica la forma de educar y propone, entre algunas de sus concepciones, que ésta debe estar supeditada a las edades de los niños y que, además, se debe incorporar la lengua vernácula. […]

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Ficha técnica

Autores(as): Lucy Trapnell, Albina Calderón y River Flores
Editorial: Instituto del Bien Común, Ford Fundation, Oxfam
América
Número de páginas: 188 pp.
Año de publicación: 2008

 

 

 

 

Por Luis Manzo Guaquil*

Aquel que lee las líneas de este texto traspasa los grafemas impresos, parte de una reacción química, y va más allá de ellos por medio de la subjetividad construida y estructurada. Pone en tensión una realidad institucionalizada que de tanto ser cotidiana invisibiliza lo que está detrás de ella, su entramado complejo.

El aula o sala de clases, parte consustancial de la escuela, concentra distintas posiciones y dimensiones que han sido sometidas a críticas y a constantes transformaciones durante decenios y algunas centurias. Comenius, ya en el siglo XV, critica la forma de educar y propone, entre algunas de sus concepciones, que ésta debe estar supeditada a las edades de los niños y que, además, se debe incorporar la lengua vernácula. Esto último no es algo menor, pues la lengua que transmite conocimiento en su tiempo es el latín y no otra. Los propios jesuitas se dieron cuenta de la importancia de la lengua durante el proceso de la conquista, claro está, con todas las salvedades correspondientes.

El mismo movimiento que impulsa la nueva escuela no sólo busca transformar la sala de clases y la escuela sino también la forma como se la concibe, y por ende, la forma cómo se realiza la enseñanza y el aprendizaje. No es de extrañar que aquello que compone lo social, lo político y lo económico atraviese, y en cierto punto, defina las distintas concepciones que se plasmaron y plasman en un momento determinado.

En América latina, en un tiempo más cercano, hemos vivido una serie de movimientos y esfuerzos por repensar la educación y la pedagogía, de ahí han surgido, y es el tema que nos interesa, la educación indígena, la etnoeducación, la educación intracultural, la educación multicultural, la educación intercultural y educación intercultural bilingüe. No son sólo matices, sino que a veces concepciones diametralmente distintas las que las mueven, por ello conviene hacer un paréntesis y ver la forma cómo se han plasmado, reflexionando como lo han concebido desde el espacio propio de la escuela, el aula.

Parte de la experiencia que se narra en el texto que comentamos parte de las distintas políticas implementadas en relación a la Educación Intercultural Bilingüe en el Perú, especialmente el camino propio que siguió el Programa de Formación de Maestros Bilingües de la Amazonia Peruana (FORMABIAP) en el cual la presencia de un equipo interdisciplinario compuesto por educadores indígenas y especialistas o sabios indígenas de las comunidades, y especialistas de distintas áreas como antropólogos, lingüistas, sociólogos, educadores no indígenas y un ingeniero forestal, reorientó el programa con un enfoque más intercultural que bilingüe. Esto por considerar que el problema mayor de la educación en los pueblos indígenas no era el de las lenguas, sino al papel que se le había asignado a la escuela como mecanismo de dominación ideológica.

Este libro, que es parte de un proceso de investigación-acción, tiene un doble propósito, los cuales deben tenerse en cuenta en todo momento para no caer en las generalizaciones ni tampoco en las descontextualizaciones. Con ello se acota y se limita la mirada, claro está, pero no la vuelve limitante, más bien la enriquece en su densidad y abre espacio para la interpretación. Este doble propósito, por un lado, porque identifica las concepciones y referentes que orientaron la manera cómo una maestra y un maestro ashaninka, egresados de FORMABIAP, abordaban los procesos de construcción y transmisión de aprendizajes en las áreas de Personal Social y Ciencia y Ambiente; y por otro, porque busca contribuir al enriquecimiento de sus enfoques a partir de una reflexión crítica sobre su trabajo. En ese sentido esta investigación-acción se fundamenta desde los aportes de la Pedagogía Crítica y de los Estudios Postcoloniales, a partir de los cuales se aproxima al estudio de la escuela, y del conocimiento que se produce y transmite cotidianamente en ella.

A partir de estos propósitos se recolectan una serie de datos y vivencias que permiten evidenciar el paso de maestros que tienen inicialmente un rol pasivo a uno activo, reflexivo y transformador, no sólo con los métodos de enseñanza y aprendizaje sino también con la forma de concebir el conocimiento. Pues, en determinado contexto, no se trata de trasladar un tipo de conocimiento a una lengua, se debe preguntar de
donde procede dicho conocimiento y como ello se concreta en una forma de educar.
Surgen categorías como “conocimiento indígena” y “conocimiento científico”, por tanto sobrevienen los cuestionamientos y la incertidumbre que ronda todo aquello que uno ha pensado y ha aprendido.

¿Qué es eso de conocimiento indígena?, ¿cuántos libros o manuales hay en ashaninka?, ¿cómo los sistematizo y aplico? Cualquier maestro sabe que ello no es fácil, es un trabajo que demanda tiempo, reflexión, paciencia y todas aquellas cualidades de alguien que desea enseñar y aprender, más aún cuando la propia cultura es subvalorada y pasa a ser secundaria. La labor docente se complejiza, pues hay que recuperar saberes, revitalizarlos y fortalecerlos, y si esto no se realiza con los miembros de la comunidad -esto es, con sus niños y niñas, adultos y ancianos- la tarea puede llegar a un punto neutro.

La construcción colectiva cobra vitalidad, en cuanto es el motor no sólo en la producción de conocimiento sino también de la interacción en cuanto se es capaz de reconocerse y de compartir lo suyo. Cabe mencionar que ésta no es sólo una tarea de “ellos” sino también de los “otros”. Cuando esto comienza a suceder, podemos hablar con cierta seguridad de interculturalidad.

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*Luis Manzo Guaquil es académico del Instituto de Historia y Ciencias Sociales, Universidad de Valparaíso, Chile.

Fuente: 

Manzo Guaquil, Luis, Reseña de «Interculturalidad, conocimiento y poder. Alcances de un proceso de investigación-acción en dos escuelas de la Amazonía peruana» de Lucy Trapnell, Albina Calderón y River Flores. Cuadernos Interculturales [en linea] 2009, 7 (Sin mes) : [Fecha de consulta: 11 de junio de 2019] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=55212234015> ISSN 0718-0586

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Reseña del libro «Justicia intercultural y bienestar emocional. Restableciendo vínculos» https://red.pucp.edu.pe/ridei/boletin/resena-del-libro-justicia-intercultural-y-bienestar-emocional-restableciendo-vinculos/ https://red.pucp.edu.pe/ridei/boletin/resena-del-libro-justicia-intercultural-y-bienestar-emocional-restableciendo-vinculos/#respond Mon, 26 Nov 2018 19:52:25 +0000 https://red.pucp.edu.pe/ridei/?p=25268   Ficha técnica Autores/as: Juan Ansion, Antonio Peña Jumpa, Miryam Rivera Holguín, Ana María Villacorta Pino Editorial: Fondo Editorial PUCP Número de páginas: 342 pp. Año de publicación: 2017       Por Ana María Villacorta* Siguiendo el permanente interés de la RIDEI de conocer las dificultades y posibilidades para integrar dentro de la formación universitaria conocimientos y prácticas de la cultura andina el libro presenta los resultados de un trabajo interdisciplinario que condujo a plantear una visión integral de la justicia y el bienestar. Hacer justicia, desde el punto de vista andino, es restablecer vínculos, esa es la principal conclusión producto del trabajo de los autores con estudiantes y docentes de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Como se entiende y se practica en la región, para que haya justicia, deben cumplirse tres principios centrales (1) reconocimiento del hecho, (2) reparación del daño y (3) promesa de que no […]

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Ficha técnica

Autores/as: Juan Ansion, Antonio Peña Jumpa, Miryam Rivera Holguín, Ana María Villacorta Pino
Editorial: Fondo Editorial PUCP
Número de páginas: 342 pp.
Año de publicación: 2017
 

 

 

Por Ana María Villacorta*

Siguiendo el permanente interés de la RIDEI de conocer las dificultades y posibilidades para integrar dentro de la formación universitaria conocimientos y prácticas de la cultura andina el libro presenta los resultados de un trabajo interdisciplinario que condujo a plantear una visión integral de la justicia y el bienestar.

Hacer justicia, desde el punto de vista andino, es restablecer vínculos, esa es la principal conclusión producto del trabajo de los autores con estudiantes y docentes de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Como se entiende y se practica en la región, para que haya justicia, deben cumplirse tres principios centrales (1) reconocimiento del hecho, (2) reparación del daño y (3) promesa de que no volverá a suceder. De ese modo, la justicia forma parte de un proceso de reconciliación en el que participan las personas cercanas de la comunidad, ya que cualquier agravio repercutirá en los vínculos entre todos en tanto las interdependencias entre familiares y entre vecinos son fundamentales para la vida social y económica.

Esta manera de entender la justicia difiere de la forma legalista que privilegia la imposición de la formalidad de la ley por encima de la búsqueda de la justicia. Manera de entender la ley, centrada exclusivamente en la forma sin evaluar las consecuencias de su aplicación en situaciones concretas, lo cual se contrapone a la práctica no escrita y centrada en los casos y situaciones particulares y complejas que caracteriza la justicia andina comunal.

Este trabajo identifica que, en el contexto andino, el respeto mutuo entre los miembros de una comunidad, el cuidado de otro, y otros aspectos afectivos generan vínculos y relaciones entre las personas y son claves para el bienestar. Lo colectivo y el sentido de bienestar se relacionan con el cuidado de los otros miembros de la comunidad para garantizar el bien común. De este modo el fortalecimiento de los vínculos entre los miembros de un grupo social y comunidad, generan redes de soporte social.

La ruptura de estos compromisos implícitos conduce a situaciones de conflicto en los que esta expectativa está muy presente. La justicia y el bienestar para no solo implican reparaciones materiales, sino también el reconocimiento de su identidad mediante un diálogo ciudadano que valore sus conocimientos. Sin embargo la ausencia de Estado y los efectos de la violencia política han dejado secuelas sobre la memoria colectiva, a través del reconocimiento de los saberes locales y el diálogo entre diferentes.

En la búsqueda de nuevas maneras de practicar la justicia, no se trata de restaurar el pasado, sino de restaurar los vínculos sociales en las condiciones de la sociedad actual mediante un enfoque de justicia intercultural que busca acercar los puntos de vista desde el conocimiento y el aprendizaje mutuos.

El libro de diez capítulos está organizado en tres partes. La primera “desde donde partimos” se inicia con el artículo de Leoncia Dania Pariona Tarqui, quien reflexiona sobre su propia trayectoria estudiantil en su formación en derecho en su universidad y sobre los desencuentros con la realidad cultural de la región que ella conoce por su propia vida y la de su familia.

En el capítulo 2, Juan Ansion desarrolla una reflexión conceptual sobre la justicia partiendo de las definiciones más clásicas —que son las que inspiran el derecho y la filosofía política— hasta aventurarse en propuestas contemporáneas más interesantes desde el punto de vista intercultural como de la justicia restaurativa. Este capítulo representa un importante trabajo teórico especialmente para estudiantes y docentes interesados.

Miryam Rivera Holguín y Ana María Villacorta en el capítulo 3 presentan la metodología en donde además se incluye una primera aproximación al material recogido mediante la presentación de la manera en que se describió el medio rural en nuestros encuentros.

La segunda parte del libro denominada “Lo que nos encontramos” empieza con el capítulo 4, de Ana María Villacorta, en el que se presenta el material en el que se hace patente que, desde la experiencia de vida en las comunidades, la justicia se entiende como recuperación del vínculo entre familiares o vecinos. Describe la lógica subyacente de reconocimiento del daño causado, reparación del mismo y promesa de que no volverá a suceder y la diversidad de situaciones, desde estos criterios, en las formas de alcanzarla así como en las circunstancias que no lo permiten y las consecuencias de ello.

En el capítulo 5, Miryam Rivera Holguín y Tesania Velázquez desarrollan la manera de entender el bienestar emocional desde la psicología comunitaria, trabajando aspectos del material recogidos que se pueden leer desde esa perspectiva, para mostrar primero el impacto del conflicto cotidiano en el bienestar emocional y luego las secuelas del conflicto armado interno.

En el capítulo 6, desde el derecho, Antonio Peña Jumpa analiza los encuentros y desencuentros de la justicia comunal con la justicia de paz y la justicia letrada profesional. Muestra la distinción que hace la gente entre conflictos grandes y pequeños y búsquedas de resolución que implican. Indaga la manera cómo el juez de paz, siendo el último eslabón de la justicia formal, enfoca su manera de resolver los conflictos que le piden resolver utilizando muchos recursos de la justicia andina comunal.

La tercera parte del libro “En busca de alternativas para una justicia intercultural”, incluye los capítulos del 7 al 9, que desarrollan una crítica institucional a la vez que se buscan alternativas de políticas que pudieran facilitar una mejora interacción entre la justicia ordinaria, o los servicios de salud orientados al bienestar emocional y las prácticas y concepciones de la justicia presentes en la región.

Así, en el capítulo 7, Peña Jumpa se interesa por el consultorio jurídico gratuito de la UNSCH como un interesante punto de apoyo para una transformación del derecho en esa universidad hacia una mejor atención a lo que las personas que acuden, pobres y de comunidades, esperan de la justicia y cómo la conciben.

En el capítulo 8, Miryam Rivera y Tesania Velázquez se interesan por las políticas de atención en salud y sus deficiencias para promover el bienestar emocional, en la perspectiva que la justicia en su sentido integral e intercultural y el bienestar emocional van necesariamente de la mano.

En el capítulo 9, Juan Ansion intenta un análisis general de las dificultades que pueden generar los cambios deseados. Son dificultades propias de una región con una historia de discriminación social y de rechazo al pasado cultural andino y que, simultáneamente busca fortalecer una identidad basada en esas raíces culturales. Son también dificultades estructurales propias de las universidades públicas y de una concepción unilateral del conocimiento.

Finalmente, el Colofón contiene el capítulo 10 y ha sido escrito por los cuatro autores firmantes de este libro como un esfuerzo por precisar los puntos de debate que aparecen luego de examinar el tema de la justicia desde ángulos disciplinarios diferentes.


*Ana María Villacorta. Socióloga con maestría en antropología por la Pontificia Universidad Católica del Perú, con experiencia en investigación social y en diseño, ejecución y acompañamiento de proyectos de desarrollo comunitario; interés en temas de interculturalidad, ciudadanía y género. Actualmente se desempeña como Coordinadora del Convenio Reconstruyéndonos del área de Desarrollo Social en La Garita, Chincha. Además, es miembro de la RIDEI PUCP.

 

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Reseña del libro «Pensar la Interculturalidad: una invitación desde Abya-Yala / América Latina» https://red.pucp.edu.pe/ridei/resenas/resena-del-libro-pensar-la-interculturalidad-una-invitacion-desde-abya-yala-america-latina/ https://red.pucp.edu.pe/ridei/resenas/resena-del-libro-pensar-la-interculturalidad-una-invitacion-desde-abya-yala-america-latina/#respond Wed, 17 Oct 2018 19:44:29 +0000 https://red.pucp.edu.pe/ridei/?p=25178   Ficha técnica:  Autor: Edwin Cruz Rodríguez Editorial: Ediciones Abya-Yala Número de páginas: 143 pp. Año de publicación: 2013             Por Estrella Guerra* A partir de la denominación de América Latina como Abya-Yala  —con el que el pueblo Kuna denominaba el Continente desde antes de 1492—, el autor encuadra la reflexión de su texto: dar cuenta de una teoría construida desde y para la realidad pluricultural latinoamericana. Según Cruz, el objetivo de su contribución es: “[…] dar alguna sistematicidad a los distintos significados que se han producido en el marco de lo que podría denominarse el campo crítico de la interculturalidad en América Latina” (p. 12). Para establecer la singularidad y productividad de los aportes realizados al tema desde la región, los compara a lo largo de todo el libro con las propuestas del multiculturalismo, cuyo principal exponente Will Kymlicka con su texto Ciudadanía intercultural (Buenos […]

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Ficha técnica: 

Autor: Edwin Cruz Rodríguez
Editorial: Ediciones Abya-Yala
Número de páginas: 143 pp.
Año de publicación: 2013

 

 

 

 

 

 

Por Estrella Guerra*

A partir de la denominación de América Latina como Abya-Yala  —con el que el pueblo Kuna denominaba el Continente desde antes de 1492—, el autor encuadra la reflexión de su texto: dar cuenta de una teoría construida desde y para la realidad pluricultural latinoamericana. Según Cruz, el objetivo de su contribución es: “[…] dar alguna sistematicidad a los distintos significados que se han producido en el marco de lo que podría denominarse el campo crítico de la interculturalidad en América Latina” (p. 12).

Para establecer la singularidad y productividad de los aportes realizados al tema desde la región, los compara a lo largo de todo el libro con las propuestas del multiculturalismo, cuyo principal exponente Will Kymlicka con su texto Ciudadanía intercultural (Buenos Aires: Paidós, 1996). La confrontación entre los límites de los postulados multiculturales y los interculturales Se organizan en tres secciones. En la primera, sobre los contenidos heurísticos, se presentan los contenidos teóricos de ambas aproximaciones. Se parte de señalar que la distinción que hace Kymlicka para caracterizar estados pluriculturales es el de la mayoría versus la minoría; pues, obviamente, se plateará que las mayorías culturales son las que tendrán derecho a la representación y al autogobierno dentro del Estado. Estas mayorías son también las que se identifican con un territorio y con una cultura que interesa preservar ya que a partir de ellas se construye la identidad de estos pueblos. En tanto que las minorías “étnicas” no pueden reclamar dicho autogobierno en tanto que son el resultado de procesos migratorios en los que voluntariamente se decide dejar el propio territorio para asimilarse a otro. Frente a esta distinción, Cruz recoge lo expresado por autores como Catherine Walsh o Fidel Tubino que precisan agudamente que en Latinoamérica esta oposición entre mayoría y minoría no funciona porque provenimos de contextos coloniales que han construido sociedades en las que la relación es más bien de dominantes (que puede ser la minoría) versos subalternos (que puede ser la mayoría). A esto se agrega que se pueden identificar grupos étnicos que no están asociados a un territorio y no son producto de migraciones. El reconocimiento de esta complejidad y singularidad es, precisamente, lo que ha dado lugar a la construcción de un enfoque intercultural cuyo alcance analítico es mucho más productivo.

La segunda parte se destina a analizar cómo los conceptos teóricos tanto del multiculturalismo como el de la interculturalidad derivan en propuestas normativas que determinan las formas de interacción de los grupos culturales intranacionales. La crítica principal que interpondrá Cruz al enfoque del multiculturalismo consiste en que el Estado que alberga los diversos grupos culturales a los que se les permite autogobernarse propugna valores y políticas liberales que son establecidas desde arriba como la superestructura de convivencia. Esto implica que una concepción ensimismada del otro a partir de una aproximación monocultural. Es desde esta concepción que se ha construido la noción de Derechos Humanos. En contrapartida la interculturalidad, definida como crítica pues busca construir desde abajo, no se plantea un marco normativo a priori sino que apuesta por el diálogo para primero construir una comprensión conjunta de lo implica una vida buena y luego establecer normas compartidas de convivencia. Para ello, se parte del concepto acuñado por Raimon Pannikar de hermenéutica diatópica que “[…] toma como punto de partida que los topoi, los “lugares de  distintas culturas”, no pueden entenderse con los instrumentos de comprensión de una sola tradición y cultura (autobiografía intelectual). Intenta poner en contacto horizontes humanos radicalmente diferentes, para lograr un verdadero diálogo dialógico que tenga en cuenta las diferentes culturas” (“Is The Notion of Human Rights a Wester Concept?”, 1982). Por ello, Cruz sostendrá que es importante partir de que somos iguales, pero diferentes y que debemos dialogar, interactuar para comprender la diferencia y construir la igualdad. Solo desde esa manera se podrá lograr una justicia sustantiva y no únicamente funcional.

La tercera parte del texto está dedicada a mostrar las consecuencias políticas de ambos enfoques. Ambos enfoques reconocen que deben implementarse desde federalismos asimétricos que permitan reconocimientos diferenciados para cimentar situaciones equitativas. Desde el multiculturalismo se presentan como ejemplos la autonomía territorial y del federalismo. En este último caso se cita las experiencias de Estados Unidos y de Canadá, cada uno con sus particularidades ya que Canadá reconoce criterios lingüísticos y culturales para su conformación, en tanto que Estados Unidos solo reconoce el criterio del territorio. Sin embargo, Cruz señalará que estos sistemas solo están pensados desde la lógica de la mayoría versus la minoría, con lo que se desplaza el problema de la desigualdad entre culturas a lo local, además de correr el riesgo de aislarlas. La forma de evitarlo es, precisamente, promover la convivencia, el respeto, el diálogo y el aprendizaje mutuo, en lugar de impulsar una tolerancia que termina ahondando diferencias y estigmas. Precisamente, esto es lo que asume el interculturalismo a partir de una autonomía intercultural, no territorial. Para garantizarla es necesario apuntalarla con políticas que provoquen “acciones transformativas” —sostiene Cruz— que logren cambios estructurales y políticas redistributivas, así como políticas posibiliten la interacción equitativa entre grupos culturales.

El libro de Edwin Cruz constituye una interesante y clara introducción a la reflexión sobre la interculturalidad. Se echa en falta la presentación de casos concretos que den cuenta de la aplicación de políticas interculturales en la región latinoamericana. A partir del texto podemos aproximarnos a sus características peculiares y complejas que están agudizadas por un pasado colonial, pero no se presentan experiencias concretas que puedan ir evaluando la aplicación de las propuestas interculturales. No obstante, es un importante esfuerzo de síntesis que nos permite aproximarnos al estado del debate multiculturalismo /  interculturalidad.

 

*Estrella Guerra Caminiti, Licenciada en Literatura y Lingüística Hispánica por la Pontificia Universidad Católica del Perú, doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto (Bilbao, España), maestra en Política y Gestión Universitaria por la Universidad de Barcelona y la Pontificia Universidad Católica del Perú, y diplomada en Edición y Publicación de Textos también por la Universidad de Deusto. Sus áreas de investigación son la retórica del Siglo de Oro, así como los desarrollos más contemporáneos de la argumentación a partir de la neorretórica de Perelman. Otra de sus áreas de interés es la investigación sobre la situación de la educación superior universitaria en el Perú y Latinoamérica; sobre este tema ha publicado el artículo «La universidad peruana en el contexto mundial y regional». Se ha desempeñado como jefe de edición en el Fondo Editorial de la PUCP; en esta área su trabajo más importante fue ser la editora general del Informa Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Ha trabajado también como Secretaria Académica de Estudios Generales Letras y Directora Ejecutiva de la Escuela de Posgrado, Jefa de la Oficina de la Red Peruana de Universidades de la PUCP y como docente contratada del departamento de Humanidades.

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