Los rostros de la contaminación en Espinar

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Dolores de cabeza, estómago y pies, dificultad para hablar y caminar, granos en la piel, son algunos de los síntomas que aquejan a pobladores de la provincia de Espinar, Cusco, afectados por elevadas concentraciones de metales pesados en sus cuerpos.

Así lo indican testimonios recogidos entre la población afectada en la provincia de Espinar, región Cusco, quienes tienen presencia de plomo, arsénico, cadmio, mercurio, talio y manganeso en sus cuerpos.

Las concentraciones superiores a los límites biológicos permisibles han sido registradas por el Centro de Salud Ocupacional y de Protección del Ambiente para la Salud (Censopas), del Ministerio de Salud.

Los testimonios que revelan los rostros humanos de la crisis de contaminación son expuestos por Álvaro Másquez Salvador y Juan Carlos Ruiz Molleda en un artículo que reproducimos a continuación:

Los rostros de la crisis de contaminación en Espinar

Por Álvaro Másquez Salvador y Juan Carlos Ruíz Molleda

Como ya sabemos todos –o deberíamos saber–, miles de ciudadanos cuzqueños de la provincia de Espinar están expuestos a concentraciones de metales pesados intolerables; es decir, que están por encima de los límites biológicos máximos permisibles. Así, las investigaciones realizadas por el Centro de Salud Ocupacional y de Protección del Ambiente para la Salud (Censopas) han encontrado la presencia de – entre otros metales pesados– plomo, arsénico, cadmio, mercurio, talio y manganeso.

A continuación, se ha discutido acerca de la naturaleza de la fuente contaminante: ¿natural o antropogénica? No obstante, se ha prestado poca atención a las obligaciones que tiene el Estado frente a esta situación. ¿Qué debe hacerse para proteger correctamente la salud de las personas afectadas por su sobreexposición a metales pesados? Sin duda, y en breve, el Estado, a través de entidades especializadas como la Dirección General de Salud Ambiental (Digesa) y la Dirección Regional de Salud de Cuzco, tiene el deber jurídico de brindar atención médica –correctiva y preventiva– a quienes hayan sido afectados y de quienes se tenga sospecha de que pudiesen estarlo.

Del mismo modo, e inexplicablemente, los afectados y sus testimonios han pasado desapercibidos. Así, nuestra intención será la de exponer, por medio de las voces mismas de los afectados, las historias de algunos de nuestros hermanos y hermanas cuzqueños quienes dolorosamente deben convivir a diario con la apatía de un Estado distante y que no hace caso de los llamados constantes que se le hace en busca de una mejor calidad de vida.

Sin más preámbulos, estos son los afectados por la contaminación en seres humanos que convulsiona a Espinar y sus historias:

a. Doña Felícitas Quima, de la comunidad de Alto Huancané: «La salud en mi familia es que todos los señores que viven en esos sectores tienen infinidad de enfermedades, hay muchos que tienen dolor de pies, de cabeza, no pueden cocinarse, se le sacan sus cabellos, los niños cuando se bañan con esa agua empiezan granitos se les sale en su cuerpo. Es triste la realidad».

b. Doña Santusa Ángela Nañahauca de Ccana, de la comunidad de Alto Huancané: «En mi comunidad, en mi sector, hay filtraciones. En donde yo vivo, al ladito de la relavera de Alto Huancané, la relavera de Cancha, y en ahí mis animales se han muerto, totalmente hemos sido pobres. Ya no hay oveja, ya no hay alpaca».

c. Doña Faustina Ñañahauca, de la comunidad de Alto Huancané: «Vivo en la pateadera del relave, entonces, yo he sufrido tantos años, treinta y dos años he sufrido con esta contaminación y ahora la resolución ya nos ha llegado ya de que estamos en nuestro cuerpos metal, como estaba explicándole el doctor, mucha preocupación yo siento. Ahora, mis nietos de la zona también han nacido mental retrasada, mi niñito de seis años no graba está mal, y mi nietito, también no habla y camina, no sé, como asustado».

d. Melchora Succorrimachi, de la comunidad de Alto Huancané: «Hay contaminación del agua, del suelo, del aire, también de salud … Me han dicho que no tomara ya esa agua contaminada, pero no hay otra agua, sigo tomando esa agua. Claro me han dado recomendación los que han venido a darnos el resultado dice que no tomaran, esa recomendación nos ha dado; pero, ahora, la empresa minera nos ha quitado el agua. De todas maneras tenemos que tomar esa agua, no hay otra agua».

e. Doña Margarita Ccaquima de Cote, de la comunidad de Alto Huancané, cuyo testimonio ha sido traducido gracias a la gentileza de doña Santusa, quien es bilingüe: «Ella dice que vive al lado de la empresa relave, que ella está afectada porque vive al lado de la empresa relave y está enferma, le duele su cabeza, le duelen sus pies, su estómago. Ella ya no puede ni caminar… Durante cuatro años está mal por causa de la mina… El Estado ni la empresa hacen nada, solamente ella está así porque nadie se recuerda de ella, así está viviendo».

Los testimonios de los afectados, aunque breves, son bastante concisos y son una muestra de la clara desidia de nuestro Estado –quien debiera protegernos por propia iniciativa–, que parece haber renunciado a algunas de sus obligaciones más elementales: cuidar, en el margen de sus responsabilidades, de la salud de sus ciudadanos, en especial de aquellos que son más vulnerables, como lo son nuestros hermanos y hermanas de la provincia cuzqueña de Espinar que sufren de concentraciones de metales pesados –tóxicos– por encima de los límites biológicos máximos permisibles, razón por la que los afectados, con la asesoría de abogados litigantes a favor de los derechos humanos, vienen evaluando rigurosamente la toma de acciones legales que puedan brindarles una mejor calidad de vida, como lo merecen.

Fuente: Boletín Justicia Viva del Instituto de Defensa Legal (IDL)

Categoría: Noticias, Pueblos Indígenas